18 feb. 2011

Tesis que ayudan a sortear las distancias


Desempolvando la caja de herramientas, para ayudar,compartir, recordar, reír, y soñar

Por ese retazo de tiempo y espacio compartido. Para los que creen y crean




"A las personas no las separa la distancia sino la indiferencia" (f)



Clara (léase aquí el nombre que figura en mi DNI o en el tuyo)

Mira, esto es medio raro. Me gusta, tiene cierta ternura, poco aprensible por las distancias, pero capaz de edificar ansiedades inusitadas. Me moviliza cierta tibieza adolescente, de esa que sonroja, un poco de esa impaciencia que te atravesaba en el umbral de mi "contradicción".

Si mi vergüenza no fuera tan conservadora, me detendría a decirte un par de cosas más que me pasaron cuando te ví, y luego cuando echamos mano al cajón de los abrazos.

Pero creo que las palabras a veces se truncan en los intentos, cuando no están mediadas por la calidez del aliento. Prefiero dártelas de comer cuando compartamos una mesa, y nos tendamos sobre los manteles, o las telas que haya, a devorar nuestros cuellos postres o sumergirnos en húmedas tazas té o alguna otra infusión.

Si, mejor así. Prefiero volver a las palabras, con sus acentos turgentes de pezones maduros, con sus pubis mayúsculos y su pudor suspensivo. Y volveré entonces ansioso a las palabras, porque en definitiva, son la forma que toma tu humanidad antes mis ojos, y es asi que la vida se me representa, a través de la lengua y sus amantes.

Volver ansioso a mis palabras y a las tuyas, es la idea. Y cuando menos lo sospechemos, alumbrados por la promesa de que las distancias ya no importe, haremos silencio y construiremos nuevos lenguajes. Aunque menos sea, para molestar al desamparo y burlarnos de las predicciones. Y por supuesto, para dejar de ser los mismos.

Que no nos abone la tristeza, el agreste pesar del desamparo!

Los tiempos son construcciones perniciosas. Cuando uno las vive en el cuerpo asumen la solidez más tenaz, más tediosa.

Pero, la intensidad de los encuentros, por suerte, no está castigada por la ferocidad de los almanaques. No pretendo cosechar a la inmediatez. Si bien no puedo negar las ansiedades, si bien no puedo correr el eje de que me encantaría verte, sostengamos la promesa de volver a vernos. Pero no como un saludo a la bandera.

No te lo prometo a vos, me lo prometo a mí. Como una dulce venganza luego de la tortura a la que nos somete ese bicho inmundo de la soledad, que nos hace inmundos a nosotros con ella. Si se aleja la posibilidad de vernos pronto, alimentemos la posibilidad de vernos algún día, no como consuelo de tontos; sino para seguir mordiendo las esperanzas, devorando los malos ratos, deseando con hambre animal el bocado de nuestra carne.

Construyamos complicidades sin cargar en ellas el peso de nuestros bolsillos. No para sabernos incompletos y pensar que el mundo es rosa, sino para entenderlas positivamente, dialécticamente. Complicidades capaces de proyectar impunemente los abrazos. Complicidades con la facilidad de alumbrar nuestro ceño contraído. Seamos cómplices de lo que soñamos para salir de debajo de nuestras uñas, transformándonos, como lo hicimos luego de vernos.

Que el tiempo no escupa su aliento helado sobre el deseo, es una batalla ardua. Pero qué esperamos de nosotros mismos sino somos capaces de anhelarnos? Si el juglar quiere, que guillotine sus muñecas, yo seguiré riendo. 

Si los caminos se ensanchan, peor para ellos porque será el sol un depredador voraz de sus distancias; yo seguiré caminando. Que los calendarios se inmolen, mi deseo es eterno, como lo es lucha de los hombres y las mujeres por liberarse de las cadenas que los oprimen. de lo que se trata, dulce, entiendo humildemente, no es de observar el mundo; sino de transformarlo y para eso tenemos tiempo. 

Asumamos los vacíos, pero sin lamentarnos y tomándoles el pelo. 

Empuñare mi ternura para sortear las dificultades. Y me sabré inmortal, para no desanimarme, hasta que te sorprenda con alguna de mis salvajadas verbales. Yo apuesto a los encuentros en algún lugar del tiempo, a desafiar la desazón y a que se jodán esos que no creen.

Claro, yo también querría uno de esos besos y esos abrazos. Demás está decirlo. Hablemos, observémonos a través de los días y veamos "qué onda" el viaje. Qué más da! Si lo podemos todo!

Un abrazo, como el que nos dimos antes de domir, como si nos conociéramos de toda la vida, y esa noche fuera una más en una larga lista de placeres compartidos. 

La extensión y la temperatura de los brazos, se me presentó como barricadas para resistir, el desamor, la desconfianza, el desaliento, la crudeza del mundo que grita. Como un oasis se presentó tu piel, ante mi carne seca. Y pensé que el mundo se consuma como la vida de una mosca, si es su voluntad. Pero que no interrumpa.

Un beso, también, para despejar dudas sobre mi voluntad de devorarte.

Martín Ge  (léase aquí el nombre de quien te haría capaz de recorrer el mundo)


            
                          
                


5 comentarios:

  1. (CieloKiller suspira)Querida Cler...hermoso texto,hermoso post, hermoso el baul de herramientas donde encontraste esto.
    Habrá quién sonría por un lindo recuerdo, habrá quién quizás se anime a vivir la historia sin distancias, sin prejuicios, sin excusas. Al fin y al cabo todo eso ha de desaparecer cuando dejamos que las cosas sucedan.

    Y además de un suspiro me robó una sonrisa...porque a veces los sueños son reales.

    Besotes,
    M.

    ResponderEliminar
  2. No puedo decir más que: EXCELENTE y creo q me quedo cortísima xq una palabra no puede con todo este texto, claro está...lo q si creo es q debe ser publicado y difundido a mansalva!
    Un abrazo grande

    ResponderEliminar
  3. Me transportaste a un lugar y un momento en el tiempo de hace un mundo atrás en el que hoy me encuentro disfrutando después de muchas distancias acortadas.

    Excelente.Gracias por compartirlo. Me encantó.


    ResponderEliminar

"las palabras no valen sólo por su significado sino por el efecto que producen"
...Gracias...ʚϊɞ