13 dic. 2011

El laberinto.-


“…me contó que llevaba cien días 
encerrada en aquel bar, 
pidiendo fuego o alguna pista 
que le ayudara a encontrar 
la luz dentro del laberinto, 
el mapa donde está escondido, 
el mar donde arden las promesas, 
donde solía naufragar…”


Llevo exactamente 12 horas sin parar de llorar. Nunca imaginé que eso fuera físicamente posible. Pero es evidente que desconozco los límites de mi propia anatomía. Tampoco puedo explicar el origen de tanta impotencia sólo puedo ubicarla en ése espacio intersticial que existe entre el cuerpo y el pensamiento.

Necesito dejarla salir. Como yo está perdida en un laberinto. Mi alegría y mis certezas se perdieron en alguno de sus recovecos.  En la mirada ajena, en las sonrisas que me robaron, en el amor que no supe concretar.

No tuve la cautela de Ariadna de mantener un cable atado a la realidad. Y me perdí. Enfrentando el monstruo interior, a oscuras, mientras todo tiembla.

Quizás lo mejor de mí quedó atrapado en aquel laberinto. O simplemente fue lo mejor que yo quise que fuera. Como sea, necesito rescatarlo de allí dentro, de acá dentro. Y salvar las creencias. 

No soy lo que muestro, no sólo soy lo que ves, sino, también, todo aquello que sucede oculto y callado. Los miedos subterráneos capaces de colapsar toda mi estructura rígida e inflexible.

Pero me estoy permitiendo caer. Drenando miedo. Llegué a lo más oscuro de mí misma, a mi centro, a mi monstruo interno. Lo estoy dejando morir, intentando quitarle su alimento. 

Mientras apuesto mis últimos suspiros a que le crezcan alas a la oruga para que de una vez, y para siempre, aprenda a volar.-

Gentileza en afecto y papel de  Javier

Cien Días by Ismael Serrano on Grooveshark

4 comentarios:

  1. Podríamos cambiar la concepción del laberinto, empezar a considerar el encierro como un principio de libertad.
    Y que duela menos.
    O que duela más pero no traume.
    La certeza de que sos vos por sobre todo no te la puede quitar nada ni nadie. Ni siquiera vos misma.

    Te quiero,

    M.

    ResponderEliminar
  2. Sueño con encontrarnos alguna vez, vos y yo, en este laberinto. Guiarnos a la salida, uno a la vez y dejarnos para siempre lo mejor que nos pasó: ese instante de laberinto.
    Asi, eternamente, una y otra vez.

    ResponderEliminar
  3. Lo bueno de los laberintos, es que te deja vagar por sus pasillos, dejandote volar con la mente buscando salidas alternativas.
    Es el tiempo en le que nos permitimos realmente pensar y respirar, para después seguir de pie y caminar hasta llegar a la salida; dejando y llevando lo necesario.


    Luciana

    ResponderEliminar
  4. Justo ayer hablamos sobre las esperanzas. Qué dificil es vivir las historias en primera persona. Siempre es más fácil contarlas, como si le pasaran a otros.
    Es mi forma de exorcizar.
    La mejor parte de la historia siempre es aquella en la que decidiste perderte en un laberinto.

    ResponderEliminar

"las palabras no valen sólo por su significado sino por el efecto que producen"
...Gracias...ʚϊɞ