Mostrando entradas con la etiqueta claros oscuros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta claros oscuros. Mostrar todas las entradas

9 ene 2011

Claros Oscuros


"Toda claridad tiene puntos oscuros
y aún en la oscuridad hay certezas claras"
ʚϊɞ


Sofá Ying Yang - Diseño de Dedon

Clara brotó de las montañas un martes de invierno. Oscuro nació cerca del mar un día de febrero.

Clara creció rebelándose de los miedos de sus padres, en una casa sencilla, divirtiéndose con nada, creando. 


Oscuro fue un chico tierno pero un tanto malcriado, que siempre obtuvo lo que quiso y a veces, más.

Clara disfruta leer en soledad. Oscuro prefiere el deporte y rodearse de gente. 


A Oscuro le gusta viajar y permanecer. Clara no resiste quedarse quieta pero le cuesta trasladarse.

Oscuro indaga sobre finanzas mientra Clara bucea por la filosofía. Oscuro tiene fe. Clara no cree ni en sí misma.

Oscuro es obstinado y posesivo. Práctico, terrenal y un poco inseguro. Claro es directo y sin dobleces. Anhela un hogar estable y cariñoso, comodidades y relaciones pacíficas. Tiene una naturaleza emocional simple y se alegra con  facilidad.

Clara siente que las exigencias familiares y aún de sus amigos la ahogan. Clara es de sentimientos profundos y duraderos, pero así como tiene una gran capacidad de amar también la tiene para odiar. Puede enemistarse con quienes amó y agredir si se siente herida  o traicionada. Oscura tiene lado muy privado y secreto y a menudo oculta sus sentimientos intentando protegerse. Enojos, culpa y celos son las emociones que Oscura con frecuencia mantiene en su lado oculto. Mostrándose siempre potente, sonriente y dispuesta.

Clara y Oscuro sienten que existe un lazo poderoso e interno que los une. Se dedican todo el tiempo que pueden, se piensan, se necesitan, se extrañan. Cada uno está fascinado e intrigado por el otro, y hay una cualidad motivadora en sus interacciones.

Clara alienta el pensamiento y la acción independiente de Oscuro, porque la incomoda la gente que se le pega tenazmente. Oscuro necesita un soporte emocional y mucho aliento, y siente que todo el mundo, incluso Clara, necesita cuidado.

Oscuro no entiende las evasiones de Clara ni sus movimientos. Ella es casi tan exigente con los demás como lo es consigo misma. Especialmente cuando se trata de compromiso emocional y lealtad. No acepta nada de primera mano, por eso Oscuro siente que  Clara lo está probando y analizando todo el tiempo.  

La independencia de Clara choca fríamente con la necesidad de calidez y camaradería de Oscuro. Él, a veces, cree que Clara  es egoísta, impersonal e indiferente. Pero lo cierto es que Clara alienta y apoya a Oscuro, inspirando un sentimiento de seguridad y bienestar. Oscuro le retribuye con esmero y disposición. Siempre intenta dar más de sí,  sin quejas, en beneficio de Clara y de la relación.

Se conectan profundamente y cada uno motiva al otro. Se impulsan mutuamente galvanizado sus energías. Disfrutan juntos experiencias intensas. Clara cultiva el placer viviéndolo sin culpas. Expresa sin reservas las necesidades de su cuerpo, de su intelecto y de sus sentimientos. Sin proponérselo, Clara hace emerger ternura, cooperación, sensibilidad y deseos de dulzura y goce en Oscuro.

Disfrutan desafiándose y, quizás, compitiendo. Pero a veces eso los lleva a una cierta rivalidad que los incomoda, especialmente cuando Clara aventaja con fuerza, directa y agresivamente, hiriendo los sentimientos y el orgullo de Oscuro. Entonces él se vuelve brusco, perdiendo su tacto y diplomacia, para protegerse. Porque Oscura es hábil criticando a Claro, jamás lo agrede, pero lo lastima con palabras elegantes y certeras. Claro sabe a Oscura la única persona capaz vulnerarlo.

No hay lógica ni razón que sea efectiva cuando deciden que quieren algo. Porque ambos son obstinados e inflexibles y una vez que se plantan, lo única cuestión que importa es ver cuál de los dos se agota primero.

Disfrutan el tiempo compartido. Se festejan y animan uno al otro, y tienen la habilidad de quitarse juntos el mal humor. Muchas veces, el trato es tan libre y descuidado que les cuesta encontrarse seriamente con el otro, en especial cuando discuten o se enojan, bromean entre ellos  exacerbando así el enojo, pero sin poder evitar sonreír frente al otro.


Pero un día el equilibrio estalla.

Clara necesita pasión, drama e intensidad. A veces, intencionalmente o no, provoca crisis personales o tormentas emocionales sólo evitar aburrirse. Oscuro, que no puede controlar sus celos ni su instintos de manipulación, se siente frustrado. Acostumbrado a que el mundo gire alrededor suyo la volatilidad de Clara lo tortura, por lo que le exige certezas. Ella, incapaz de dárselas, lo desafía riendo.

Oscuro, que no sabe manejar la ironía juega, enciende la mecha, desatando el dolor y la ira. Cuando logra percibir la dimensión de la catástrofe ya es demasiado tarde.

Clara lo condena al silencio.

Oscuro, sin entender cómo pudo herirla tanto, peregrina por toda clase de penitencias. Profundamente sabe que es en vano, porque no hay artilugio capaz de doblegar su firmeza, pero aún así lo intenta.

Usa el humor y  la nostalgia. Busca activar sus sentidos y su alegría. Le habla, le cuenta, le canta. Y antes de resignarse la amenaza.

Clara teme, pero ella es así. Enfrenta sus monstruos, aunque sea huyendo.

Entonces se deshace de Oscuro, cerrando esa ventana de su vida, para siempre.


Bloquea la posibilidad de que tanta emoción se le siga materializando en el cuerpo.

Y así, sin más en un sólo acto, definitivo, vuelve a sumergirse en la inmensidad del éter y la soledad.





13 nov 2010

El síndrome del inolvidable

Como cada martes a las 22, después de mi  sesión terapéutica semanal, necesito  socializar con mis amigas los arribos analíticos y los derribos emocionales  tratados en el diván. A partir de esto y de los eventos más relevantes de la semana  surgen los tópicos de la velada.


Unas con más experiencias, algunas con cierta tendencia a la bizarrías y otras con dominio de maestrías,  la “rueda”  de amigas desarrolla, mediante turnos organizados, la catarsis metódica  acerca del asunto.

Por un episodio casual que viví dentro de mi red social preferida: twitter, surgió el tópico de la semana: hombres que padecen el “Síndrome del Inolvidable”.

Todas y todos lo hemos padecido, ya sea porque algunos evidenciamos ese conjunto de síntomas o porque se lo hacemos padecer a otra persona, generalmente sin siquiera notarlo.

Aquel que padece este síndrome, no tiene un completo registro de la realidad, sino que su visión parcializada del mundo se sostiene en la creencia de que su tránsito por la vida deja marcas imborrables  en  las personas con quienes se relaciona.

Son personas que construyen su autoestima basándose sólo en la valoración positiva que los otros hacen de él o ella.

En general los síntomas se agudizan cuando “deciden” abandonarnos en busca de “mejores” horizontes aún cuando ésto sea el producto de un elucubrado plan maestro pergeñado por las supuestas victimas persiguiendo el fin de evitar padecer ese bicho inmundo llamado culpa.

Tenía 16 años, cuando conocí el primer espécimen que padecía el síndrome del inolvidable. Era lindo y bien dispuesto pero era extremadamente aburrido y en medio de la revolución hormonal  que supone la adolescencia más que mi hermano se había convertido en un estorbo concreto para placeres más genuinos.

Y como la regla social establece que una mujer con el corazón roto puede repartir los pedazos sin tanto resquemor, me empeñé en hacer que me deje.

Así fue que empecé salir a todos lados sin invitarlo ni decirle adonde iba, a recibirlo con mala cara y despeinada (aunque en realidad eso ya lo hacia antes) y como no registraba la indirecta me puse más agresiva y empecé a tratarlo mal y a presumirle al mejor amigo. Ante mi accionar mi papá, hombre sabio si los hay, acompañó mi campaña con una irrevocable sentencia:

-          --  Este pibe es un boludo!

Fue luego de un fin de semana en el que no le había contestado ni uno sólo de sus llamados que me fue a buscar a la plaza  donde me reunía con mis amigas  y finalmente dijo las palabras mágicas: tenemos que hablar. Durante los 16 cumpleaños que siguieron a aquel día recibo cada año mensajes de aquel inolvidable  deseando que mi vida tras él haya sido feliz.

Los inolvidables son aquellos que te llaman un tiempo después con una excusa poco creíble, pero que logran despertar cierta ternura con su precariedad y simpleza, o resulta que de aburrida nomás o de pura vengativa que somos,  aceptamos verlo. Entonces él llega a la cita muy bien acicalado  y con cara compungida te agarra la mano y con la otra en  el corazón (literal) te pregunta: decime la verdad, estas bien? Mas vale zapato!!! que te crees que sos el último  padrillo de la granja?

Sin embargo, el síntoma que más me cautiva, es la incapacidad que tienen para registrar al otro. Tan compenetrados están en si mismos, en el conjunto de atributos que lo hacen inolvidables, que no son capaces de ver que nuestra sonrisa plena, nuestro cutis lozano, nuestro pelo brilloso y los 4 kilos menos no son el resultado de una depresión post ruptura precisamente.

Quizá el podio de los casos de tipos que se creen  “inolvidables” se lo merezca el que le toco a mi amiga Florencia. Un día estaba buscando libros y unos adornos para su nueva casa, cuando vio entrar a su antiguo cuarto a la madre que con cara desencajada le dijo:

- Te busca, Sebastián.

Florencia estaba realmente sorprendida porque su ex le había roto el corazón y se había esfumado de su vida sin más explicaciones de la noche a la mañana hacía casi 14 meses.

Con cierta cautela pero con muchísima curiosidad lo hizo pasar al living y lo dejó hablar. Sebastián le contó que se había decidido y que  había cambiado de carrera y que se había independizado. Le habló también de sus nuevas aspiraciones musicales y de unas vacaciones reflexivas en Tupungato. Finalmente se animó a expresar el objetivo de su visita, y con voz muy débil le comentó que la banda uruguaya de sugestivo nombre tocaba esa noche en La Sodería.

-           --  Siempre que escucho No te va a gustar pienso en vos. Quería preguntarte si esta noche querés salir conmigo?

Florencia no cabía en su asombro, no podía creer  que él apareciera así, como asi, como si nada, como si el  tiempo se hubiere detenido, como si agua que corrió bajo el puente no se hubiese estancado hasta pudrirse. Ella lo miró con los ojos radiando furia pero intentado suavizar su voz le dijo:

- Sebastián, me parece poco acertada tu propuesta. Es evidente que estoy con otra persona ahora, con dos más bien. Estoy embarazada de 6 meses.

A lo que él infeliz que no fue capaz de registrar  los 70cm extras de la panza de Florencia, que no pudo imaginar que ella estaba allí de casualidad, pues la lógica en su cabeza de inolvidable le decía que durante esos 14 meses ella sólo lloraba y tejía a su espera, se desterró definitivamente del mundo de los dignos diciendo:

-                 --  Ah! Yo pensaba que sólo estabas más gorda!

Los hombres con síndrome de inolvidable son así,  tienen el tacto de una lija gruesa y con ello logran acelerarnos el odio y el resentimiento de 0 a 100 en 5 segundos.

Ellos creen que cubren todos nuestros  recuerdos y espacios terapéuticos, porque así como no podemos  dejar de hablar de ellos, tampoco podemos ni debemos respirar sin ellos.

Aunque en honor a la verdad debo reconocer que algo de razón tienen. Pero en mi caso en particular los inolvidables lo único que logran  levantarme son  los niveles de endorfinas por lo  mucho que me hacen reír.  Les confieso, que el último martes hasta el terapeuta soltó una carcajada cuando le conté acerca  del conjunto de síntomas del ultimo impresentable.

A veces sólo quiero creer en dios para que me proteja de semejante mal, para no pecar de una soberbia tal que roce el papelón.
Espero que ustedes, queridos amigos y amigas, también  intenten inmunizarse. O al menos logren reinventarse para que al menos logren transformarse en las líneas de alguien.

Después de múltiples andanzas y tras 4  botellas de Malbec,  para el personal y para el resto de los comensales del restaurante, la rueda de amigas se había trasformado en un grupo de  hienas esquizofrénicas,  por la borbotonada de incoherencias superpuestas que decíamos y porque además tampoco  podíamos dejar de llorar de la risa.

Fue entonces cuando un apuesto periodista disfrazado de puma al acecho, se acercó a la mesa y se dirigió a María hablándole acerca de un ensayo en el que trabajaba y quería que se lo corrigiera, fue entonces cuando nos habilitó el temario del próximo martes diciendo:

- Mañana te doy

Entre risas, Laura le dijo: Epa, pero que directo! Y yo agregué: Aunque dicho así,  parece un pagaré difícil de cobrar.

Acto seguido el galán huyó deliberadamente excusándose en la falta de vino de su copa.

La cobardía de los tira piedras“será el tópico de la próxima semana. Mientras tanto sonó mi teléfono, mi dulce olvidable me esperaba en la puerta. Cuando subí al auto la música del estéreo me hizo estallar de risas nuevamente. No te va a gustar me gritaba: 




8 oct 2010

Inventario

  • 1 par de zapatillas verdes
  • 3 pantalones
  • 2 libros
  • Las ciudades invisibles
  • 1 bandeja de masas
  • 1 caja de variedades de té.
  • 1 muñeca
  • 1 sin número de desayunos, almuerzos, meriendas y cenas + algunos helados
  • Las correcciones a mi plan de beca, algunos conceptos y un nuevo lenguaje
  • El alivio tras el portazo y el traje violeta
  • Los llamados desde y a Buenos aires,  a Alberdi, a Catamarca, a Jujuy
  • El cuento del cuerito y las marginalias
  • Los cuentos de Kafka y los poemas de Dalton
  • El día en Lanús y los grabados de Laura
  • Comprensión cuando me rendía el sueño en todas las películas
  • Compasión mientras brotaba mi dolor más intenso
  • Varias lluvias y muchas lágrimas
  • Unos sorrentinos con brócoli y una ensalada primavera
  • El amor de Amanda
  • Y el día más memorable…la brisa de una soleada tarde de invierno tomando una coca del otro lado del canal…mirando como iniciaba “Lomas de Tafí” y nuestros deseos en absoluto asemejaban el presente desenlace.
Fue necesario enumerarlo para que en medio de tanta desilusión… rebatir “la estafa”

5 feb 2010

te pienso (...en retrospectiva...)

...una eternidad atrás...

Son las 2042, la asamblea se suspendió por falta de quórum, así es que mientras espero el colectivo, con más cansancio que frío, te pienso. Tengo en mi cuerpo rastros inequívocos de la última noche, y en cada uno de ellos te pienso. Las trenzas maltrechas evidencian un día agitado, sucesor de noche intensa. Y mientras las desarmo, me invade el recuerdo de tu risa tímida durante la cena cuando me preguntás sobre las causas de tal desafío a la estética, en ese bar de hospital donde nos atienden mal pero reincidimos por encontrarlo ameno.


La bufanda que abrigaba mi cuello desata un nuevo y estéril discurso sobre mi contradictoria voluntad a sucumbir a las modas. Y una a una, mis prendas como tus argumentos, empiezan a amontonarse descubriéndome. El tapado colorado de chocolate en la plaza, las zapatillas apropiadas, el pantalón tan querido como criticado que nos traslada a no sé que remotas presencias, mientras oculta las medias dispares revela con insolencia el furioso reflejo de la luz sobre mi cuerpo.


Es inevitable reír cuando me asalta el recuerdo de nuestros filosóficos debates -nudistas-  sobre la historia durante el entreacto de la pasión compartida que inexcusablemente nos retrasa en las tareas votadas. Y mientras te pienso, te deseo. Escandalosamente deseo recorrer nuevamente tu cuerpo, tener tu lunar entre mis dedos.


Ahora voy camino a la tibieza del agua, capaz de reconfortarme del frío y de llevarse consigo los vestigios de tu piel sobre la mía y entonces nuevamente te pienso. Y computo tus palabras, la velocidad de los sucesos y la consistencia de mis gestos.



Existiendo con el compañero fui revelando tu costado más humano y al caer tu armadura me inundaste de estremecimiento. Primero leí tu conocimiento y así reconocí tus miedos, sólo entonces descubrí tu sexo. Por eso, al hombre le pido coherencia, al humano sinceridad y al compañero franqueza. Son tan altas mis exigencias como precisas la multiplicidad de tus caricias, capaces de estimular hasta el espacio intersticial entre el cuerpo y el pensamiento.


Si solo pudieras dimensionar lo que ésta transgresión a la estática simboliza en mis células, en mi sangre, en mi tierra… entenderías mis risas, mis lágrimas y silencios. Si comprendieras cuanto inyectan tus dudas, tus angustias, y tu misterio quizás entonces, entiendas porque decido correr ese riesgo, porque aun sabiendo que tus brazos me conducen al infierno, te entrego mi cuerpo, mi afecto, mi pensamiento. Porque me abrigo en tu pecho y cuanto me serena que vigiles mi sueño.



Me gustaría inventar un lenguaje legítimo, que describa lo que “pienso” mientras te pienso. Y que sea capaz de revelar porque ese espacio incorpóreo de tu amanecer a mi izquierda es el único territorio donde no me siento forastera.