"Voy a dejar
que mi guitarra diga todo lo que yo
no sé decir por mí
o quizás deba esperar
a que el insulto del reloj
acabe de planear mi fin
duelen tanto las sonrisas
cuesta un mundo respirar
es que no tenerte aquí ya me hace mal"
Soy un animal de costumbre. Malas, en general. Una madre diría que son el resultado de la mala vida y la poca vergüenza, pero eso sería si no fuera la mía. Le amo, profundamente, pero si soy lo que soy es el resultado, no sólo genético, de lo que ella y mi santo padre hicieron de mí. Yo siempre digo que es más fácil echarle la culpa a los otros de nuestras desgracias, pero en este caso, cada martes a las 17 el adonis que tengo por terapeuta, aún contra su voluntad, me da la razón. Y como todo tiene que ver con todo, volvemos al principio (?) del asunto. El muy guacho se fue de vacaciones.
Me dejó con un montón de dudas, angustias, preguntas para irse a echarse de panza al sol como si mi vida no estuviese en crisis. Quien mierda se cree que es, para decir, con esa sonrisa hermosa que tiene: En marzo, me llamas y vemos si retomamos.
Me dio un beso, me elogió la visita a la peluquería y guiñándome el ojo cerró la puerta en mi asombro y mis preguntas:
Me dio un beso, me elogió la visita a la peluquería y guiñándome el ojo cerró la puerta en mi asombro y mis preguntas:
a- Me deja sin explicaciones?
b- Como que vemos?
c- Que mi plata y mi crisis no valen?
Así estamos. Es martes y necesito mi catarsis de costumbre. Así que acá estoy. Vomitando lo que distintos estímulos cotidianos me provocan.
Soy contestadora compulsiva. Algunos usuarios de twitter y de Blogger me reconocen por eso. Y toda acción de los otros genera en mí un efecto. Fue hace dos miércoles atrás, mientras contestaba un post en el que me vi reflejada, que éste me explotó en la cara haciendo que miles de preguntas y dudas brotaran casi desangrándome.
Intenté entonces escribir, todo esto, pero se me perjudicó el Windows, así es entonces, tenia todo el ordenador (?) desconfigurado. Todos los archivos y programas estaban ahí pero eran imposibles de usar. Las fotos, la música mis recuerdos todos desorganizados en la memoria. Como yo, el CPU necesitaba un formateo. Finalmente aquí estamos. Ella y yo.
Colecciono anécdotas y estos últimos años han sido una gran cosecha. Quizás sea lo duro que resultó la metamorfosis de convertir a la oruga en mariposa. Pero gracias al talento heredado de mi madre pude hacerlo siempre riendo, enfrentarme a dolores y varios fracasos. Romper mi destino de princesa y cambiarlo por la apasionante incertidumbre de vivir al día.
A veces cuesta mucho mirarse internamente. Ver quienes somos, reconocer lo que queremos y lo que tenemos. Yo soy una estafadora, parezco, pero no soy tan valiente.
Pero aún así me senté a pensarme. Lo primero que surge, porque sera? es decir cual Sandra: “…Soy lo que soy, no tengo que dar excusas por eso. A nadie hago mal y el sol sale igual…”.
Pero claro, inmediatamente el otro enano me dice que me las tengo que dar a mí. Sobre todo cuando los otros, creen que soy esquizofrénica, o que invento la cantidad de cosas que me pasan. Me hago la tonta, pero la mirada del otro, afecta la mía.
Pero claro, inmediatamente el otro enano me dice que me las tengo que dar a mí. Sobre todo cuando los otros, creen que soy esquizofrénica, o que invento la cantidad de cosas que me pasan. Me hago la tonta, pero la mirada del otro, afecta la mía.
Soy múltiple. Inquieta. Contradictoria. Inconforme. Postergadora. Intolerante. Mimosa .Esquiva. Si creyera en la reencarnación diría que en otra vida fui un gato, pero como no lo creo vivo las siete vidas superpuestas.
Estudie danza clásica, flamenco y piano. Hice gimnasia artística, hockey, handball, voley y natación. Quise cantar, pero no tengo talento y sí algo de autocrítica. Niña de excelente promedio pero de faldas muy cortas que perdió (?) la bandera por encerrarse a tomar cervezas en el baño de varones.
Estudié Arquitectura, Diseño, Ciencias Económicas, Abogacía y Filosofía. Como estaba en lo planes, a los 25 tenía un título universitario, y cursaba 2 postgrado. Estuve interrumpidamente de novia entre los 17 y los 27. Hasta que asumí que los 3 hijos rubios y la casa con jardín no me cerraban. O no me cerraban con él.
Estudié Arquitectura, Diseño, Ciencias Económicas, Abogacía y Filosofía. Como estaba en lo planes, a los 25 tenía un título universitario, y cursaba 2 postgrado. Estuve interrumpidamente de novia entre los 17 y los 27. Hasta que asumí que los 3 hijos rubios y la casa con jardín no me cerraban. O no me cerraban con él.
Me hice feminista por experiencia y zurda por convicción. Y ese fue un camino tan arduo como placentero. Pero tras enfrentarme a un camionero en un piquete en minifaldas y botas con taco aguja, tuve que dejar algunas ideas en un cajón.
Así también debí enfrentarme al lastimoso pero certero golpe de mis padres:“tanto nos costó salir de la pobreza para que vos la elijas” disparando contra ellos toda mi madurez: “Ya cumplí con todo lo que esperaban de su hija modelo (ah, si, también cobre por desfilar), dejen de vivir a través mío, porque finalmente mi vida la vivo como quiero y como puedo”.
Desde entonces hago terapia, porque después de todo soy también producto de esta sociedad que por mucha libertad con la haya crecido, todo el peso de la culpa condiciona mis acciones. Pero como sello de aquel pacto y asumiendo de una vez por todas el tamaño de mis tetas , me teñí de rubia. Ahora la gente espera mucho menos de mí, yo manejo sus expectativas. Y cada tanto, sorprendo.
Así también debí enfrentarme al lastimoso pero certero golpe de mis padres:“tanto nos costó salir de la pobreza para que vos la elijas” disparando contra ellos toda mi madurez: “Ya cumplí con todo lo que esperaban de su hija modelo (ah, si, también cobre por desfilar), dejen de vivir a través mío, porque finalmente mi vida la vivo como quiero y como puedo”.
Desde entonces hago terapia, porque después de todo soy también producto de esta sociedad que por mucha libertad con la haya crecido, todo el peso de la culpa condiciona mis acciones. Pero como sello de aquel pacto y asumiendo de una vez por todas el tamaño de mis tetas , me teñí de rubia. Ahora la gente espera mucho menos de mí, yo manejo sus expectativas. Y cada tanto, sorprendo.
Genero odios y cuchicheos porque duermo como quiero y con quien quiero. Leo sin escalas Agamben, Esposito, Petras, Rowling, Cortazar y Paparazzi. Me gusta Gran Hermano y ver series yanquis. Cuanto más retorcida o de ciencia ficción sea, mejor (que es sino para nosotras eso del american dreams?).
De chica, compraba aceituna a la griega en lugar de caramelos y ahorraba lo que mis hermanas gastaban en la calesita para comprar libros de mitología. Algunos dirían excéntrica. Lo soy. No me gusta comer el tomate si no es caliente, pero odio las salsas rojas. Soy feliz tomando helado derretido con cerveza y puedo pasar una semana entera comiendo exactamente lo mismo.
La comida, es una de las formas más concretas de determinar la subjetividad, al menos la mía. Me traslada por el mundo, identifica personas. Fortifica y discrimina vínculos. Por eso el mejor plan está mediado por un buen menú. Aún cuando sea conmigo misma. Me gusta ir sola a cenar y al cine. Me encanta ver las miradas que se entrecruzan y la incomodidad del mozo, cuando tiene que retirar el puesto en las mesas de a dos. Odio cocinar, pero para satisfacer mi gula y deseo me hice experta en lomo al verdeo, sushi, tacos mexicanos y sorrentinos negros. El rito de cocinarle alguien es la mayor muestra de amor que alguien puede esperar de mí.
Me gusta coser, tejer y bordar. A veces, lloro en las películas de amor, aunque generalmente sucede en las que el amor es filial. De padres e hijos. Me gusta ver, jugar y hablar de fútbol. Puedo explicar el principio de offside como también porque estalló la burbuja financiera que desató la crisis en el 2008 y su diferencia con la del ´29. Puteo como tachero en la cancha pero soy una dama en vestido negro en la cena del trabajo. Disfruto cuando esos 35 hombres se ven obligados a seguir mis órdenes. Lo hago con voz firme pero siempre moviendo las pestañas y usando palabras que exacerben lo bien que resuelven mis demandas.
Trabajo de lo quiero, lo mínimo necesario para poder vivir tranquilamente y disponer así de tiempo libre para hacer con él lo que se me plazca. Por eso vivo a mil, cansada, porque lo quiero todo. Incluso más de lo que me permite el cuerpo y la mente.
Decía frente al mar, a Mar, después de todo soy una mujer que a los 32, tiene todo lo que una mente tan poco ambiciosa como la mía puede aspirar: una carrera, algunos dicen prestigiosa, desarrollo de todo los hobbies que mi cuerpo y mis ganas me permiten, afectos sinceros y un hogar. Sólo mío.
Pero finalmente soy capaz de reconocer que no necesito un otro para completarme, pero lo quiero.
Quiero un hombre cuya sola existencia me estremezca. Hoy no está, pero ansío que llegue. Un hombre capaz de conmoverme. Y romper la maldición que determina que "mujeres como yo sólo pueden tener romances épicos consigo mismas"
Despues de todo soy sólo una mujer. A veces, rota. Pero algún descosido debe haber.
"En este momento hay seis mil millones, ochoscientos noventa y ocho millones, seiscientas cuarenta y ocho mil, seiscientas setenta y una personas en el mundo. Algunas corren asustadas. Otras vuelven a casa. Algunas dicen mentiras para llegar al final del día. Otras simplemente están enfrentándose a la verdad. Algunos son hombres malvados en guerra con los buenos. Y algunos son buenos, luchando con los malvados. Seis mil millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces… todo lo que necesitas es una" (Mark Schwahn)

